En este país parece que cuando elegimos un Gobierno lo hacemos para que nos dirijan y manden durante al menos cuatro años. Así es como suceden las cosas: cuando hay elecciones se vota y el partido elegido se cree con potestad para hacer y deshacer mientras dure su legislatura. Hacen y cambian leyes, recortan de donde pueden -y de donde no, también-, toman decisiones sin dar explicaciones...
¿Debería ser esto así? Creo que la mayoría contestará que NO. Opino que votar a un determinado partido político no significa tener que comulgar con todo lo que diga o haga y, mucho menos, que sus dirigentes puedan hacer lo que les venga en gana sin que nadie les tosa. Muchos se escudan en que han sido elegidos de forma democrática en las urnas y que por eso no entienden que la gente proteste.
Si así fuera no existirían las mociones de censura, ni podrían hacerse manifestaciones o huelgas de carácter político. Seríamos como borregos que diríamos amén a todo lo que el político de turno decidiera imponer. Eso se llama dictadura, y hace tiempo que, por suerte, dejamos ese capítulo atrás. Aunque a más de un@ le gustaría que fuera así.
El asunto es tan sencillo como que, cuando un político lo hace mal, cuando una amplia mayoría está descontenta con sus actuaciones y lo demuestra en la calle, como está sucediendo últimamente, su obligación es dimitir. Porque no olvidemos que los políticos no son nuestros dueños, todo lo contrario, están a nuestro servicio y su obligación es -o debería ser- buscar nuestro bienestar, no imponer sus normas, nos gusten o no. Es evidente que a todos no se puede contentar, pero cuando tanta gente se queja...
Por ejemplo, la que se está liando con la Ley del Aborto no es normal. A Gallardón le importa poco que miles de personas salgan a la calle a protestar, que miembros de su propio partido se opongan a esa ley, él mira hacia otro lado y sigue adelante con su reforma. Hasta que no lo consiga no va a parar, aunque media España se le eche encima. Hay que reconocerle el valor al hombre, eso sí.
En otros países europeos es común que cuando un político hace algo mal, dimita. Uno de los últimos casos es el del ministro de inmigración británico, que renunció hace unos días al saberse que su empleada de hogar estaba en el país de forma ilegal. Otro caso: hoy mismo se ha sabido que Enrico Letta, primer ministro italiano, presentará mañana su dimisión tras votar la mayoría de miembros de su partido por un cambio de Gobierno. Esto en España no pasaría ni en sueños, aquí nuestros políticos no se van ni con agua hirviendo.
En definitiva, votar a alguien no significa otorgarle libertad total y abosulta y, ya que parece que es lo que pretenden imponernos con la mayor de las desvergüenzas, tocará protestar y protestar hasta que vean que no pueden hacer con nosotros lo que se les antoje. Ya que la oposición y demás grupos políticos ladran pero no muerden nada, está en las manos de los ciudadanos decir basta. A los gobernantes les elige el pueblo y si el pueblo no está contento ¡fuera!
Bienvenid@s a mi blog, el lugar donde comparto lo que se me pasa por la cabeza, donde a través de lo que escribo me pierdo en mis propios pensamientos e ideas. Espero sinceramente que os guste.
jueves, 13 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Cuento: Martín y el pirata Cejasblancas
Martín era un niño de ocho años al que le encantaba leer historias de piratas. Tenía muchos cuentos, pero su preferido era uno que le habían regalado cuando era muy pequeño. Trataba sobre Cejasblancas, un pirata bueno que tenía un barco muy grande y vivía un montón de aventuras en el mar. Martín leía todas las noches ese cuento y le encantaba soñar con Cejasblancas cuando se quedaba dormido.
Una noche, cuando el papá de Martín apagó la luz y se marchó de la habitación, él cogió una linterna que tenía en la mesilla y se puso a leer el cuento debajo de las sábanas. Se quedó dormido antes de terminarlo y, sin que se diera cuenta, Cejasblancas sacó un brazo de las páginas del libro y tiró del pijama de Martín para llevarlo dentro del cuento.
Cuando Martín se despertó se dio cuenta enseguida de que estaba en el barco pirata. Al principio se asustó, pero luego se puso muy contento cuando vio a Cejasblancas:
– ¡Hola! –dijo Martín, con una gran sonrisa en la cara–. ¿Qué hago aquí?
–¡Hola Martín! Como te gusta tanto mi cuento te he traído para que me acompañes en una de mis aventuras –le contestó el pirata.
–¡Yupi! –exclamó Martín–. ¿Y qué vamos a hacer?
–¡Vamos a buscar un tesoro! –le explicó Cejasblancas.
Le enseñó un mapa que llevaba a una isla mágica. Allí había escondido un tesoro y, si lo encontraban, podrían pedir un deseo. Enseguida se pusieron en marcha rumbo a la isla, les esperaba un día entero navegando y no querían perder tiempo. Cuando llegaron y bajaron del barco, Martín vio que las flores, los árboles, los animales, la arena… ¡eran de chocolate! Le gustaba mucho el dulce y se puso contentísimo porque allí podría comer todo lo que quisiera. Cogió una concha de chocolate blanco que había en la playa y se la llevó a la boca.
–¡No, Martín! ¡No te la comas! –le gritó Cejasblancas mientras se la quitaba de la mano–. Este chocolate es mágico, igual que la isla, y si te lo comes te convertirás en un niño de chocolate tú también.
–Pero... ¡no es justo! Me gusta mucho el dulce y todo esto seguro que está riquísimo –dijo Martín.
–¡Claro que sí! Pero si quieres seguir siendo un niño de carne y hueso más vale que no te lo comas –le explicó el pirata.
–Está bien… –refunfuñó Martín.
Miraron el mapa del tesoro, que decía que tenían que subir la montaña que había al lado de la playa. Era muy alta y tuvieron que andar mucho, pero después de un rato por fin llegaron arriba, donde vieron un paisaje muy bonito, con un montón de árboles, plantas y flores. Todo parecía muy rico y Martín, que ya empezaba a tener hambre, quería comérselo, pero se acordó de que tenía que aguantarse las ganas si no quería ser un niño de chocolate.
Lo siguiente que tenían que hacer era buscar un árbol muy grande con flores de color azul. Dentro de su tronco estaba escondido el cofre con el tesoro. Miraron todos los árboles pero no vieron ninguno que tuviera las hojas azules, todas eran verdes o amarillas.
–No lo vamos a encontrar nunca –dijo Martín, triste.
–No pierdas la esperanza Martín, seguro que está por aquí –le contestó Cejasblancas.
Siguieron buscando, pero el árbol no aparecía. Ya no sabían dónde mirar, habían recorrido todos los rincones de la montaña y no había ni rastro del árbol. De repente, vieron un puente en el que no se habían fijado antes. Se acercaron y descubrieron que al otro lado estaba el árbol de las hojas azules. Por fin lo habían encontrado, pero tenían que cruzar el puente y a Martín le daba miedo porque estaba bastante roto y se movía mucho de un lado a otro.
Cejasblancas le dijo que no se asustara, que lo iban a cruzar juntos y no le pasaría nada. Le dio la mano y los dos corrieron al otro lado. Cuando llegaron, el pirata se acercó al árbol de las hojas azules y se puso a buscar el cofre dentro de un agujero que había en el tronco. Era tan grande que casi podía meterse dentro. Mientras, Martín se sentó a descansar un poco. A su lado vio una fuente por la que salía chocolate líquido y olía tan bien que no pudo evitar beber un poco. Cuando Cejasblancas se dio cuenta y quiso evitarlo ya era demasiado tarde, Martín se había convertido en un niño de chocolate.
–¡Oh, no! –gritó llorando–. ¿Qué voy a hacer ahora?
Cejasblancas acababa de encontrar el cofre del tesoro y se le ocurrió usar el deseo para que Martín se convirtiera otra vez en humano. Tenía que escribirlo en un papel y meterlo dentro del cofre, y así lo hizo. Se sentó al lado de Martín a esperar y como estaba muy cansado, se quedó dormido. Al rato, unas voces le despertaron:
–¡Despierta Cejasblancas! Soy un niño otra vez, ¡me has salvado! –gritaba Martín, contentísimo.
–¡Bien, bien! –le dijo Cejasblancas mientras le abrazaba. Estaba muy triste pensando que no volvería a verte.
Iniciaron el camino de vuelta. Esta vez, Martín tuvo mucho cuidado de no comer nada, pues no quería volver a ser un niño de chocolate. Cuando llegaron al barco ya se había hecho de noche, así que cenaron y se fueron a la cama. Aunque tenía mucho sueño, a Martín le costó un poco dormirse, no podía dejar de pensar en todo lo que le había pasado ese día. Estaba deseando ver a sus amigos para contarles lo bien que se lo había pasado buscando el tesoro con el pirata Cejasblancas. Al final, imaginando cuántas aventuras más viviría con su nuevo amigo, se durmió.
A la mañana siguiente Martín se despertó en su habitación. Tenía el cuento y la linterna a su lado, entre las sábanas. ¿Ha sido un sueño la aventura de la isla mágica?, se preguntó. Al levantarse de la cama vio que tenía los pies manchados de chocolate. ¡Todo había sido verdad! Se puso muy contento porque había conocido al pirata Cejasblancas. Desde entonces serían amigos para siempre.
Una noche, cuando el papá de Martín apagó la luz y se marchó de la habitación, él cogió una linterna que tenía en la mesilla y se puso a leer el cuento debajo de las sábanas. Se quedó dormido antes de terminarlo y, sin que se diera cuenta, Cejasblancas sacó un brazo de las páginas del libro y tiró del pijama de Martín para llevarlo dentro del cuento.
Cuando Martín se despertó se dio cuenta enseguida de que estaba en el barco pirata. Al principio se asustó, pero luego se puso muy contento cuando vio a Cejasblancas:
– ¡Hola! –dijo Martín, con una gran sonrisa en la cara–. ¿Qué hago aquí?
–¡Hola Martín! Como te gusta tanto mi cuento te he traído para que me acompañes en una de mis aventuras –le contestó el pirata.
–¡Yupi! –exclamó Martín–. ¿Y qué vamos a hacer?
–¡Vamos a buscar un tesoro! –le explicó Cejasblancas.
Le enseñó un mapa que llevaba a una isla mágica. Allí había escondido un tesoro y, si lo encontraban, podrían pedir un deseo. Enseguida se pusieron en marcha rumbo a la isla, les esperaba un día entero navegando y no querían perder tiempo. Cuando llegaron y bajaron del barco, Martín vio que las flores, los árboles, los animales, la arena… ¡eran de chocolate! Le gustaba mucho el dulce y se puso contentísimo porque allí podría comer todo lo que quisiera. Cogió una concha de chocolate blanco que había en la playa y se la llevó a la boca.
–¡No, Martín! ¡No te la comas! –le gritó Cejasblancas mientras se la quitaba de la mano–. Este chocolate es mágico, igual que la isla, y si te lo comes te convertirás en un niño de chocolate tú también.
–Pero... ¡no es justo! Me gusta mucho el dulce y todo esto seguro que está riquísimo –dijo Martín.
–¡Claro que sí! Pero si quieres seguir siendo un niño de carne y hueso más vale que no te lo comas –le explicó el pirata.
–Está bien… –refunfuñó Martín.
Miraron el mapa del tesoro, que decía que tenían que subir la montaña que había al lado de la playa. Era muy alta y tuvieron que andar mucho, pero después de un rato por fin llegaron arriba, donde vieron un paisaje muy bonito, con un montón de árboles, plantas y flores. Todo parecía muy rico y Martín, que ya empezaba a tener hambre, quería comérselo, pero se acordó de que tenía que aguantarse las ganas si no quería ser un niño de chocolate.
Lo siguiente que tenían que hacer era buscar un árbol muy grande con flores de color azul. Dentro de su tronco estaba escondido el cofre con el tesoro. Miraron todos los árboles pero no vieron ninguno que tuviera las hojas azules, todas eran verdes o amarillas.
–No lo vamos a encontrar nunca –dijo Martín, triste.
–No pierdas la esperanza Martín, seguro que está por aquí –le contestó Cejasblancas.
Siguieron buscando, pero el árbol no aparecía. Ya no sabían dónde mirar, habían recorrido todos los rincones de la montaña y no había ni rastro del árbol. De repente, vieron un puente en el que no se habían fijado antes. Se acercaron y descubrieron que al otro lado estaba el árbol de las hojas azules. Por fin lo habían encontrado, pero tenían que cruzar el puente y a Martín le daba miedo porque estaba bastante roto y se movía mucho de un lado a otro.
Cejasblancas le dijo que no se asustara, que lo iban a cruzar juntos y no le pasaría nada. Le dio la mano y los dos corrieron al otro lado. Cuando llegaron, el pirata se acercó al árbol de las hojas azules y se puso a buscar el cofre dentro de un agujero que había en el tronco. Era tan grande que casi podía meterse dentro. Mientras, Martín se sentó a descansar un poco. A su lado vio una fuente por la que salía chocolate líquido y olía tan bien que no pudo evitar beber un poco. Cuando Cejasblancas se dio cuenta y quiso evitarlo ya era demasiado tarde, Martín se había convertido en un niño de chocolate.
–¡Oh, no! –gritó llorando–. ¿Qué voy a hacer ahora?
Cejasblancas acababa de encontrar el cofre del tesoro y se le ocurrió usar el deseo para que Martín se convirtiera otra vez en humano. Tenía que escribirlo en un papel y meterlo dentro del cofre, y así lo hizo. Se sentó al lado de Martín a esperar y como estaba muy cansado, se quedó dormido. Al rato, unas voces le despertaron:
–¡Despierta Cejasblancas! Soy un niño otra vez, ¡me has salvado! –gritaba Martín, contentísimo.
–¡Bien, bien! –le dijo Cejasblancas mientras le abrazaba. Estaba muy triste pensando que no volvería a verte.
Iniciaron el camino de vuelta. Esta vez, Martín tuvo mucho cuidado de no comer nada, pues no quería volver a ser un niño de chocolate. Cuando llegaron al barco ya se había hecho de noche, así que cenaron y se fueron a la cama. Aunque tenía mucho sueño, a Martín le costó un poco dormirse, no podía dejar de pensar en todo lo que le había pasado ese día. Estaba deseando ver a sus amigos para contarles lo bien que se lo había pasado buscando el tesoro con el pirata Cejasblancas. Al final, imaginando cuántas aventuras más viviría con su nuevo amigo, se durmió.
A la mañana siguiente Martín se despertó en su habitación. Tenía el cuento y la linterna a su lado, entre las sábanas. ¿Ha sido un sueño la aventura de la isla mágica?, se preguntó. Al levantarse de la cama vio que tenía los pies manchados de chocolate. ¡Todo había sido verdad! Se puso muy contento porque había conocido al pirata Cejasblancas. Desde entonces serían amigos para siempre.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Ayudas sociales sin control
Hoy he visto en la prensa la siguiente noticia: "Bélgica expulsará a 300 españoles por ser una carga para el Estado". Los motivos, llevar en el paro más de un año y no buscar empleo de forma activa. Dicen los belgas que esto supone un gasto en ayudas sociales que el país no puede asumir. Quizá esta medida es un tanto drástica ya que, en muchas ocasiones no es fácil demostrar que se está buscando trabajo, pero hay demasiada gente que cobra ayudas -no solo en Bélgica- y se acomoda tanto que deja de buscar empleo. Eso no debe permitirse. Yo lo veo a mi alrededor prácticamente a diario, no es difícil escuchar comentarios del tipo "ese trabajo no me merece la pena porque quedándome en casa cobro más". Qué pena.
Mucha culpa de esta situación la tienen quienes dan las ayudas, que no ejercen ningún control. Cuando hace ya más de dos años me quedé sin trabajo, en la oficina de empleo me dijeron que, una vez concedida la ayuda, alguien se pondría en contacto conmigo para tener una entrevista y comprobar que buscaba trabajo y cómo lo hacía. Creo que es lo justo cuando te están ayudando económicamente. Pues bien, me concedieron la ayuda y nunca nadie me llamó. Meses después terminé de cobrar la ayuda y nadie se había preocupado por saber si buscaba trabajo o si estaba en mi casa viendo la televisión.
Otra cosa que tampoco controlan es lo que hace la gente con las ayudas. Hay muchas personas que cobran subsidios y se pasan el día en el bar o se pegan vacaciones de lujo. Y de buscar trabajo nada de nada. Pienso que si alguien necesita ayudas para vivir no debería permitirse que se gaste ese dinero en gastos innecesarios. De acuerdo que todos tenemos que tener tiempo de ocio y que no podemos estar todo el día encerrados en casa para no gastar, pero de ahí a malgastar, que es lo que mucha gente hace, hay un trecho. Si se controlara esto, cuánto dinero se ahorraría para poder dárselo a quien lo necesita de verdad.
No sé cómo será en Bélgica o en otros países europeos, pero en España el tema de las ayudas está muy descontrolado. Muchísima gente cobra subsidios mientras por otro lado está trabajando sin contrato. Y claro, cobrando por ambas parte. Estas personas se benefician de ayudas que no deberían estar recibiendo, mientras miles de familias tienen a todos sus miembros sin trabajar y no cobran absolutamente nada. O mientras jubilados tienen que mantener a toda la familia con pensiones bajísimas que no suben porque no hay dinero. Si yo sé esto, es evidente que las autoridades también, por lo que no comprendo por qué no hacen nada para evitar una situación tan injusta.
Nos pueden parecer malos los belgas por expulsar a los españoles que suponen una carga para el Estado pero pensándolo friamente, ¿es justo que quienes llevan allí toda la vida mantengan a los que acaban de llegar y no aportan nada? Mucha gente en España se queja de lo mismo cuando vienen extranjeros a nuestro país. La ley permite las estancias de más de tres meses en un país de la Unión Europea siempre que no se represente "una carga excesiva para el sistema de ayuda social del país de acogida". Pienso que es algo comprensible y es lo que ha llevado a Bélgica a expulsar a esas personas, cosa que España, sin duda, no hace.
Mucha culpa de esta situación la tienen quienes dan las ayudas, que no ejercen ningún control. Cuando hace ya más de dos años me quedé sin trabajo, en la oficina de empleo me dijeron que, una vez concedida la ayuda, alguien se pondría en contacto conmigo para tener una entrevista y comprobar que buscaba trabajo y cómo lo hacía. Creo que es lo justo cuando te están ayudando económicamente. Pues bien, me concedieron la ayuda y nunca nadie me llamó. Meses después terminé de cobrar la ayuda y nadie se había preocupado por saber si buscaba trabajo o si estaba en mi casa viendo la televisión.
Otra cosa que tampoco controlan es lo que hace la gente con las ayudas. Hay muchas personas que cobran subsidios y se pasan el día en el bar o se pegan vacaciones de lujo. Y de buscar trabajo nada de nada. Pienso que si alguien necesita ayudas para vivir no debería permitirse que se gaste ese dinero en gastos innecesarios. De acuerdo que todos tenemos que tener tiempo de ocio y que no podemos estar todo el día encerrados en casa para no gastar, pero de ahí a malgastar, que es lo que mucha gente hace, hay un trecho. Si se controlara esto, cuánto dinero se ahorraría para poder dárselo a quien lo necesita de verdad.
No sé cómo será en Bélgica o en otros países europeos, pero en España el tema de las ayudas está muy descontrolado. Muchísima gente cobra subsidios mientras por otro lado está trabajando sin contrato. Y claro, cobrando por ambas parte. Estas personas se benefician de ayudas que no deberían estar recibiendo, mientras miles de familias tienen a todos sus miembros sin trabajar y no cobran absolutamente nada. O mientras jubilados tienen que mantener a toda la familia con pensiones bajísimas que no suben porque no hay dinero. Si yo sé esto, es evidente que las autoridades también, por lo que no comprendo por qué no hacen nada para evitar una situación tan injusta.
Nos pueden parecer malos los belgas por expulsar a los españoles que suponen una carga para el Estado pero pensándolo friamente, ¿es justo que quienes llevan allí toda la vida mantengan a los que acaban de llegar y no aportan nada? Mucha gente en España se queja de lo mismo cuando vienen extranjeros a nuestro país. La ley permite las estancias de más de tres meses en un país de la Unión Europea siempre que no se represente "una carga excesiva para el sistema de ayuda social del país de acogida". Pienso que es algo comprensible y es lo que ha llevado a Bélgica a expulsar a esas personas, cosa que España, sin duda, no hace.
Para las estancias más
prolongadas la libertad se condiciona a no representar una carga
excesiva para el sistema de ayuda social del país de acogida.
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2025434/0/rumanos-bulgaros/espanoles-expulsados/belgica-ranking/#xtor=AD-15&xts=467263
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2025434/0/rumanos-bulgaros/espanoles-expulsados/belgica-ranking/#xtor=AD-15&xts=467263
viernes, 31 de enero de 2014
Reseña libro "la jungla de los listos", de Miguel Ángel Revilla
Datos del libro
Título: “La jungla de los listos”
Autor: Miguel Ángel Revilla
Páginas: 237
Publicación: enero 2014 (Espasa Libros)
Autor
El propio Miguel Ángel Revilla ha escrito este libro de su
puño y letra, con un Pilot, como él mismo ha reconocido. Tras publicar en 2012 “nadie
es más que nadie”, que fue un gran éxito de ventas, quedó tan satisfecho, y con
tantas ganas de seguir hablando, que se decidió a redactar su segundo manuscrito. Una de las causas que cuenta que le impulsó a ello fue una pregunta
que le hizo un paisano pasiego: “¿me podrías explicar lo que está pasando?”.
Además de ser secretario general del Partido Regionalista de
Cantabria (PRC), Revilla recorre España dando charlas acerca de
su visión del porqué de la crisis e incluso se atreve a dar alguna solución
para mejorar la mala situación que vivimos. También colabora frecuentemente en
programas de televisión y radio comentando su punto de vista sobre diferentes cuestiones de actualidad.
Resumen
Como ya he dicho, el libro de Miguel Ángel Revilla es
bastante duro. Principalmente se trata de un texto de denuncia de los abusos a
los que nos vemos sometidos por parte de los que tienen el poder. Da muchos datos
y opiniones sobre porqué estamos como estamos y de qué podemos hacer,
dentro de nuestras posibilidades, para tratar de estar mejor. A lo largo de cada párrafo no se cansa de ir contra todos los que considera que nos han arruinado, tanto económica como moralmente y da nombres y apellidos de muchos de ellos.
Opinión personal
Desde que empecé a ver a Miguel Ángel Revilla en la
televisión me resultó simpático y, no sé muy bien por qué, me cayó bien desde el
principio. Quizás por la forma en la que habla, cercano a los que no somos
expertos en los temas que toca, y porque se le ve muy seguro de todo lo que
dice, por la claridad y sencillez con la que se expresa, resulta una persona
sincera y creíble. No sé si realmente es tan buen político y
persona como parece pero, como él mismo dice en el libro, “comprenderéis que
jamás se me ocurriría escribir un libro tan duro si tuviese algo que ocultar”.
No creo que una persona denuncie todo lo que Revilla está
denunciando, ya no solo en el libro, si tuviera alguna cosa que esconder. Es por eso que, de momento, confío en sus
palabras.
Me ha gustado mucho leer este libro, aunque como ya he dicho, la
sensación que queda al terminarlo no es para nada buena, ya que denuncia tantas
injusticias y abusos de poder que da miedo lo que pueda venir de ahora
en adelante, sobre todo viendo lo que ya tenemos encima. Si me ha gustado es porque me parece muy
valiente por parte de Revilla hablar tan alto y claro de lo que están haciendo
esos que él llama “la jungla de los listos”: políticos, empresarios, banqueros,
medios de comunicación, ricos… En resumen, los que tienen dinero.
En el libro trata temas como la corrupción, la estafa de
las preferentes, la famosa puerta giratoria (ex-políticos colocados en empresas
públicas), la evasión de impuestos… Y todo lo que dice lo hace sin pelos en la
lengua. Al leerle da la sensación de estar escuchando a una persona más
de la calle, en vez de a un político. Sus palabras podrían ser las de cualquiera de nosotros, hartos de que se rían en nuestra cara y nos traten como marionetas.
Mucha gente dice de Revilla que es un populista y que únicamente dice lo que la gente quiere oír. Incluso que si gobernara de nuevo no pondría en práctica nada de lo que predica. Yo no sé si eso es cierto porque, aparte del rato mientras me firmaba el libro, no le conozco de nada. Pero pienso que una persona que habla tan claro y de una forma tan severa en contra el poder político y demás “listos”, algo de razón debe tener. Los datos que da están ahí y son ciertos, eso nadie se lo puede negar, y las ideas y soluciones que aporta parecen buenas. Posibles no lo sé, pero buenas sí.
Al finalizar el libro Revilla hace un llamamiento a que no
nos resignemos, a que mostremos nuestra disconformidad e indignación con lo que
nos están haciendo padecer, porque “todos los grandes avances de la humanidad son el
fruto de la lucha”, dice. Aunque reconoce que es lógico que no todo el mundo se atreva a protestar estando las cosas
como están. Él promete no callarse y seguir denunciando las
injusticias, siendo “el altavoz de los que no tienen voz”. Agradeciendo el
cariño que recibe allí donde va, deja en el aire la publicación de un tercer
libro. Que tiemble “la jungla de los listos”.
viernes, 24 de enero de 2014
Gamonal, ejemplo de lucha contra los abusos de poder
Los políticos tienen la sartén por el mango, pueden hacer y deshacer a su antojo mientras están en el poder, dando igual si los ciudadanos están de acuerdo o no. Esto sucede hasta que la gente se cabrea tanto que sale a protestar a la calle y termina quemando contenedores o tirando piedras. Es lo que ha pasado recientemente en el barrio burgalés de Gamonal. El alcalde pretendía hacer un bulevar, lo que supondría reducir de cuatro a dos los carriles de circulación, poniendo un carril bici en el centro y suprimir más de trescientas plazas de aparcamiento gratuito. Este proyecto, adjudicado a Carlos Pozo, condenado por corrupción en el pasado, iba a costar ocho millones de euros, cosa que los vecinos no estaban dispuestos a aceptar, teniendo en cuenta el endeudamiento que sufre su Ayuntamiento.
Las manifestaciones se han conocido ahora a través de los medios, pero los vecinos llevan semanas saliendo a la calle para mostrar su oposición a la ejecución del proyecto. Los medios no se habían hecho eco del conflicto de Gamonal hasta que han empezado a sucederse los actos violentos que, por otra parte, han sido por parte de unos pocos, no se ha tratado de un comportamiento generalizado. Durante las semanas que llevaban protestando, el alcalde Javier Lacalle, del Partido Popular, había hecho caso omiso a las peticiones de sus ciudadanos. De hecho, las obras estaban ya comenzadas cuando todo esto ha salido a la luz. Hasta que vio que la cosa se ponía fea y decidió recular y parar las obras.
Con esto lo que se demuestra es que en el sistema en el que vivimos las manifestaciones pacíficas no sirven de mucho. Esta gente llevaba semanas protestando y el alcalde miraba hacia otro lado, hasta que a cuatro se les ha ocurrido liarla un poco y el señor Lacalle ha cedido por miedo de lo que pudiera pasar. En lo que va durando la crisis se han hecho varias manifestaciones contra los recortes, contra los abusos de los políticos, contra la eliminación de servicios públicos, etcétera, y con ninguna de ellas se ha conseguido nada. El Gobierno sigue apretándonos el cinturón todo lo que quiere y más. Eso es porque están tranquilos, porque saben que las protestas no van a pasar de unas pocas manifestaciones pacíficas, después de las cuales aguantan el chaparrón de críticas y siguen a lo suyo.
Es triste decirlo pero parece que el medio más efectivo para conseguir cosas es meter un poco de miedo a los que mandan, que vean que la gente está dispuesta a algo más que protestar por defender lo suyo, a liarla si hace falta con tal de no dejar que se rian de nosotros en la cara. Porque lo que está pasando en este país ya pasa de castaño oscuro. Algunos dicen que las reivindicaciones se hacen con el voto en las urnas, pero votar a alguien no significa tener que conformarse con todo lo que haga durante los cuatro años de mandato. Estoy en contra de la violencia, pero en casos en los que claramente nos toman el pelo, o abusan del poder, y no se consigue nada mediante las manifestaciones pacíficas, si es la única manera de conseguir algo, adelante.
Las manifestaciones se han conocido ahora a través de los medios, pero los vecinos llevan semanas saliendo a la calle para mostrar su oposición a la ejecución del proyecto. Los medios no se habían hecho eco del conflicto de Gamonal hasta que han empezado a sucederse los actos violentos que, por otra parte, han sido por parte de unos pocos, no se ha tratado de un comportamiento generalizado. Durante las semanas que llevaban protestando, el alcalde Javier Lacalle, del Partido Popular, había hecho caso omiso a las peticiones de sus ciudadanos. De hecho, las obras estaban ya comenzadas cuando todo esto ha salido a la luz. Hasta que vio que la cosa se ponía fea y decidió recular y parar las obras.
Con esto lo que se demuestra es que en el sistema en el que vivimos las manifestaciones pacíficas no sirven de mucho. Esta gente llevaba semanas protestando y el alcalde miraba hacia otro lado, hasta que a cuatro se les ha ocurrido liarla un poco y el señor Lacalle ha cedido por miedo de lo que pudiera pasar. En lo que va durando la crisis se han hecho varias manifestaciones contra los recortes, contra los abusos de los políticos, contra la eliminación de servicios públicos, etcétera, y con ninguna de ellas se ha conseguido nada. El Gobierno sigue apretándonos el cinturón todo lo que quiere y más. Eso es porque están tranquilos, porque saben que las protestas no van a pasar de unas pocas manifestaciones pacíficas, después de las cuales aguantan el chaparrón de críticas y siguen a lo suyo.
Es triste decirlo pero parece que el medio más efectivo para conseguir cosas es meter un poco de miedo a los que mandan, que vean que la gente está dispuesta a algo más que protestar por defender lo suyo, a liarla si hace falta con tal de no dejar que se rian de nosotros en la cara. Porque lo que está pasando en este país ya pasa de castaño oscuro. Algunos dicen que las reivindicaciones se hacen con el voto en las urnas, pero votar a alguien no significa tener que conformarse con todo lo que haga durante los cuatro años de mandato. Estoy en contra de la violencia, pero en casos en los que claramente nos toman el pelo, o abusan del poder, y no se consigue nada mediante las manifestaciones pacíficas, si es la única manera de conseguir algo, adelante.
martes, 21 de enero de 2014
La vida privada de los políticos
A
raiz de lo que está pasando con Hollande en Francia -la infidelidad a
su mujer, con la que a su vez fue infiel a su anterior esposa-, han
surgido opiniones de todo tipo sobre si la vida privada de los políticos
debe ser como su propio nombre indica, privada, o por el contrario, debe
hacerse pública. Creo que no hay que ser extremista. Personalmente no
pienso que sea necesario conocer cada detalle de la vida de un político.
Por ejemplo, que Rajoy y su mujer se vayan a cenar o de fin de semana
no es relevante, aunque sí importa que cuando lo hagan lo paguen de su
bolsillo o no. Lo que no debería suceder es que toda esta gente que está
en el poder se gaste nuestro dinero, a nuestras espaldas, en cenas, comidas, vacaciones, espectáculos, compras, etc.
A los ciudadanos nos debería importar poco si el presidente o los ministros son fieles a sus parejas, pero parece que si nos enteramos de que un político es infiel en su vida amorosa, nos preguntamos cómo va a ser honesto en la política. Si mienten a sus mujeres o maridos, que se supone que son personas a las que quieren o al menos les importan, no podemos fiarnos de que sean sinceros con los ciudadanos, a quienes no conocen de nada y a nivel personal les importamos mas bien poco.
Probablemente haya
dirigentes que hacen muy bien su trabajo y son muy honestos, pero después en su intimidad son unos capullos. Y nosotros ni nos enteramos.
En casos así, mientras no se gasten el dinero de todos, creo que
es mejor no saber que hacen en su vida privada.
Juzgar a las personas por lo que hacen en el ámbito personal es muy
peligroso, ya que unos pueden aceptar sin problema lo que para otros
resulta inmoral. ¿Y quién determina en un caso así si lo que ha hecho el
político está bien o mal? En el caso de Hollande la
mayoría vemos mal que sea infiel a su mujer pero seguro que hay quienes
lo ven como algo normal. Y no podemos dejar de reconocer que es su vida y nadie puede recriminarle la infidelidad. Sí el hecho de que a sus escarceos llevara guardaespaldas pagados con dinero público.
Es por estas cosas que mucha gente está reclamando transparencia total en lo que a los políticos se refiere. No es lo ideal porque hay muchos aspectos de su vida que son completamente irrelevantes, pero para que los ciudadanos estemos tranquilos y podamos fiarnos de quienes nos gobiernan, es la única manera. Ahora lo tienen muy facil con las redes sociales, a las que muchos mandatarios son asiduos. Hay quienes a diario comentan su agenda e incluso comparten sus actividades privadas. De ese modo se muestran cercanos, sencillos e incluso sinceros, ganándose la confianza de la gente. Aunque pueden mentir u ocultar cosas, claro, pero habrá que fiarse.
martes, 14 de enero de 2014
Teatro en la manifestación de Bilbao
O los del PNV piensan que somos todos tontos o son ellos los que son tontos de remate. Digo esto en referencia a la marcha que tuvo lugar el pasado sábado en Bilbao bajo el lema "Derechos Humanos. Acuerdo. Paz". En un principio esta manifestación la convocó la plataforma Tantaz Tanta con el fin de pedir el acercamiento de los presos de ETA, pero el juez Eloy Velasco la prohibió un día antes. Entonces, el PNV decidió apoyar la convocatoria de una nueva marcha junto a Sortu, Aralar, EA, Alternatiba y los sindicatos vascos ELA y LAB, con la condición de que fuera silenciosa y alegando: "tenemos que consolidar definitivamente un escenario de paz y convivencia para todos". Durante la manifestación -como era de esperar- hubo carteles y gritos a favor de los presos, hecho por el que miembros del PNV declararon después sentirse decepcionados.
Yo a esto no le veo el más mínimo sentido. Si tan decepcionados se sienten porque pactaron algo que no se cumplió, era tan facil como marcharse de la manifestación y demostrar así que no estaban de acuerdo con lo que se estaba haciendo. ¿De qué sirve secundar la marcha y luego criticarla? Lo que hizo el PNV fue acudir, a sabiendas de lo que se iba a reivindicar, con la idea de criticarlo después, y así todos contentos. Porque si realmente creyeron que iba a ser silenciosa empezaría a creer que son idiotas de verdad. Por otro lado es vergonzoso que los nacionalistas utilizaran el "respeto a los derechos humanos" o la "apuesta por la paz y por la convivencia" como justificación de su apoyo a la manifestación, cuando ni ETA ni los que la apoyan han mostrado el más mínimo atisbo de arrepentimiento. Tantaz Tanta, a la que prohibieron hacer la manifestación, también estuvo presente el sábado, con multitud de personas portando carteles de la iniciativa.
No me gustó nada que los sindicatos ELA y LAB participaran también en la convocatoria. Por todos es sabido que los sindicatos son afines a distintas ideas políticas y muchas veces actúan en función de ellas, pero me indigna que participen en este tipo de actos. La definición de sindicato es: Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros. ¿Qué pintan entonces reivindicando el acercamiento de los presos etarras o la amnistía? Ni siquiera deberían poder acudir a manifestaciones que no tengan que ver con la actividad para la que se supone se crearon. En fin, que toda esta gente lo único que está haciendo es reirse en la cara de todo el mundo, hacer lo que les da la gana porque nadie les dice nada. Y así será mientras se lo sigan permitiendo.
Yo a esto no le veo el más mínimo sentido. Si tan decepcionados se sienten porque pactaron algo que no se cumplió, era tan facil como marcharse de la manifestación y demostrar así que no estaban de acuerdo con lo que se estaba haciendo. ¿De qué sirve secundar la marcha y luego criticarla? Lo que hizo el PNV fue acudir, a sabiendas de lo que se iba a reivindicar, con la idea de criticarlo después, y así todos contentos. Porque si realmente creyeron que iba a ser silenciosa empezaría a creer que son idiotas de verdad. Por otro lado es vergonzoso que los nacionalistas utilizaran el "respeto a los derechos humanos" o la "apuesta por la paz y por la convivencia" como justificación de su apoyo a la manifestación, cuando ni ETA ni los que la apoyan han mostrado el más mínimo atisbo de arrepentimiento. Tantaz Tanta, a la que prohibieron hacer la manifestación, también estuvo presente el sábado, con multitud de personas portando carteles de la iniciativa.
No me gustó nada que los sindicatos ELA y LAB participaran también en la convocatoria. Por todos es sabido que los sindicatos son afines a distintas ideas políticas y muchas veces actúan en función de ellas, pero me indigna que participen en este tipo de actos. La definición de sindicato es: Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros. ¿Qué pintan entonces reivindicando el acercamiento de los presos etarras o la amnistía? Ni siquiera deberían poder acudir a manifestaciones que no tengan que ver con la actividad para la que se supone se crearon. En fin, que toda esta gente lo único que está haciendo es reirse en la cara de todo el mundo, hacer lo que les da la gana porque nadie les dice nada. Y así será mientras se lo sigan permitiendo.
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