jueves, 25 de julio de 2013

Ánimo para Santiago de Compostela



  
UNA DESGRACIA ENORME EL ACCIDENTE DE TREN EN SANTIAGO DE COMPOSTELA. NO TENGO PALABRAS PARA EXPRESAR LO QUE SIENTO AL VER LAS IMÁGENES. INTENTO PONERME EN EL LUGAR DE LOS FAMILIARES PERO ESTOY SEGURA DE QUE ES IMPOSIBLE NI SIQUIERA LLEGAR A IMAGINAR LO QUE ESTÁN SINTIENDO. A ALGUNOS YA LES HAN DADO LA TERRIBLE NOTICIA Y EL DOLOR DEBE SER INMENSO. PERO LOS QUE AÚN NO SABEN NADA DE SUS SERES QUERIDOS DEBEN SENTIR DESESPERACIÓN, INCERTIDUMBRE, DESCONSUELO... ¿CÓMO SOPORTAR HORAS ESPERANDO PARA SABER SI SUS FAMILIARES HAN SOBREVIVIDO O HAN FALLECIDO? MADRE MÍA, QUÉ ANGUSTIA SOLO DE PENSARLO.

A LOS QUE LO VEMOS POR LA TELE, DESDE LA DISTANCIA, NOS INVADE UN SENTIMIENTO DE PROFUNDA PENA Y LO QUE ES PEOR, DE IMPOTENCIA POR NO PODER HACER NADA ANTE SEMEJANTE DESASTRE. NADIE PUEDE HACER NADA CUANDO SUCEDEN ESTE TIPO DE ACCIDENTES, YA HAYA SIDO POR CAUSAS TÉCNICAS O POR RESPONSABILIDAD DEL MAQUINISTA -COMO ASÍ PARECE-. AUNQUE LAS PALABRAS EN ESTOS CASOS ESTOY SEGURA QUE NO SIRVEN DE CONSUELO, LO ÚNICO QUE PODEMOS HACER ES MANDAR MUCHO ÁNIMO A LAS FAMILIAS DE LAS VÍCTIMAS Y MUCHÍSIMA FUERZA PARA SEGUIR ADELANTE. 

EL HOMBRE QUE CONDUCÍA EL TREN, QUE HA SOBREVIVIDO, PARECE QUE HA RECONOCIDO QUE CIRCULABA A UNA VELOCIDAD BASTANTE SUPERIOR A LA PERMITIDA EN ESA ZONA. Y DEBÍO COMENTAR TAMBIÉN QUE OJALÁ HUBIERA MUERTO ÉL, QUE IBA A TENER TODAS ESAS MUERTES EN SU CONCIENCIA. SI REALMENTE EL ACCIDENTE HA SIDO POR SU CULPA -COSA QUE SE ESTÁ INVESTIGANDO-, NO TIENE PERDÓN POSIBLE, DEBE SER CASTIGADO, IR A LA CÁRCEL Y TODO ESO, PERO NO PUEDO EVITAR SENTIR CIERTA LÁSTIMA POR ÉL. QUE UN ERROR O UNA MALA DECISIÓN TENGA SEMEJANTES CONSECUENCIAS.... BUFFF.... NO PUEDO IMAGINAR CÓMO DEBE SENTIRSE AHORA MISMO.

CUANDO PASAN ESTAS COSAS SIEMPRE PIENSO QUE SI DIOS EXISTIERA NO PERMITIRÍA QUE SUCEDAN ESTAS DESGRACIAS Y QUE LA VIDA ES UNA MIERDA, NADIE SE MERECE QUE LE PASE ALGO ASÍ. SIENTO UNA TRISTEZA MUY GRANDE PENSANDO EN CADA PERSONA QUE HAYA PERDIDO UN SER QUERIDO EN EL ACCIDENTE Y EN LOS QUE SIGUEN ESPERANDO NOTICIAS. Y A PESAR DE QUE NO PUEDO HACER NADA, NO DEJO DE DARLE VUELTAS Y VUELTAS. ¡QUÉ IMPOTENCIA!

lunes, 22 de julio de 2013

Regar el amor cada día

"El mayor número de rupturas amorosas se da después de las vacaciones". Titulares como este llenan los medios cada año tras terminar el periodo vacacional. ¿Por qué? Mi teoría es que a lo largo del año las parejas apenas se ven, o mejor dicho apenas hacen cosas juntos y, cuando llegan las vacaciones y tienen que convivir de verdad, no se aguantan. El motivo: por egoísmo y falta de ganas de hacer vida en pareja. Están tan acostumbrados a vivir a su manera, que esos días que están veinticuatro horas juntos, que tienen que tomar el cien por cien de las decisiones en común, no son capaces de ponerse de acuerdo y no hacen más que discutir, lo que en muchos casos, lleva a la ruptura.

En vacaciones las parejas pasan mucho tiempo juntas y es cuando salen a relucir las diferencias que tienen. En algunos casos, no digo que no, puede tratarse de diferencias irreconciliables -como suele decirse-, pero en otros, estoy segura de que con un poco de paciencia y sobre todo dar el brazo a torcer, las cosas no tendrían por qué terminar mal. Por ejemplo, si a él le gusta ir al monte y a ella a la playa, ¿por qué no hacer cada día una cosa? O si ella quiere ir a un concierto de un grupo que él detesta, ¿por qué no acompañarla, aunque pase las dos horas más aburridas de su vida? Si él lleva meses esperando el estreno de "A todo gas 6" ¿por qué no puede ella acompañarle aunque no le guste nada la película?

La vida en pareja es una opción que cada uno elige libremente, por ello pienso que, quien decide convivir con alguien, vacaciones incluidas, debe preocuparse por los gustos y aficiones de la otra persona casi tanto como por los propios. De vez en cuando está bien complacer al otro y hacerle ver que nos involucramos en sus hobbies, que nos interesamos en hacer con él o ella las cosas que le gustan. Y diría que a todo el mundo le gusta ver que su pareja le acompaña a algún sitio a pesar de que no es lo que más le apetece en ese momento. Veo a mi alrededor muchísima gente que no hace esos pequeños sacrificios por la otra persona y a no ser que se tengan gustos muy parecidos, llegadas las vacaciones o las pasan cada uno por su lado, o tirándose los trastos a la cabeza.

Otra cosa que creo que también puede llevar a las parejas a romperse es eso que dice mucha gente de que necesita su espacio, que de vez en cuando tiene que separarse y hacer cosas por su cuenta para no agobiarse. No entiendo esto y creo que nunca lo entenderé. Una cosa es que cada uno tenga sus aficiones y las haga cada cual por su lado, si no les apetece compartirlas, pero quien tiene esa necesidad de separarse de su pareja para evitar agobios, quizás debería plantearse si está compartiendo su vida con la persona adecuada. Parejas hay de muchos tipos y estilos y todas son válidas, pero no imagino poder cansarme nunca de pasar todo el rato posible con la persona con quien he decidido tener a mi lado.

En tiempos de nuestros padres y abuelos las parejas no se rompían tan fácilmente, quien se echaba novio o novia, lo habitual era que durara toda la vida. Muy diferente a la actualidad, que las separaciones y divorcios están a la orden del día. Antes se aguantaba mucho más y no se cansaban tan rápido de todo. Ahora, al mínimo problema se tira la toalla. Y creo que es, como he dicho, por puro egoísmo, porque muchas veces pensamos antes en nosotros que en el otro y sobre todo, no nos ponemos en su lugar. Un ejemplo es cuando uno toma una decisión sin consultarlo con el otro y después, cuando se lo comunica, discuten por no habérselo preguntado antes. Si lo hubiera hecho, una discusión menos. Y teniendo hijos la cosa se pone mucho peor, muchas veces no se ponen de acuerdo ni en cómo educarles.

En el amor no se puede ser egoísta ni dar por supuesto que una vez se tiene pareja está todo hecho, que creo que es el error que comete mucha gente, y que les lleva a aburrirse del otro. Las parejas, sobre todo los que llevan mucho tiempo juntos, tienden a olvidarse de enamorar a la otra persona una vez que la cosa va avanzando. Se cae en la rutina, se da por hecho que el otro está enamorado y así va a seguir y eso lleva muchas veces a mostrar desinterés o desgana, lo que puede terminar con la relación rápidamente. El enamoramiento del principio no dura siempre si ambas partes no hacen lo posible porque siga. Como suele decirse, el amor es como una planta, hay que regarlo todos los días para que siga vivo.


lunes, 15 de julio de 2013

Cómo hemos cambiado...

Parece mentira cómo pueden llegar a cambiar las cosas con el paso de los años, a veces, incluso con el paso de los meses. El estilo de vida que llevamos hoy día no tiene nada que ver con cómo vivíamos hace quince o veinte años, que es hasta donde yo llego a recordar. Por ejemplo, en vacaciones nos íbamos al pueblo, o como mucho había quien tenía la suerte de irse a un apartamento a Benidorm una o dos semanitas con la familia, abuela incluída. Las vacaciones eran mucho más familiares que ahora, que hay quien pasa todo el año ahorrando para realizar un viaje lo más lejos y exótico posible, y cuanta menos familia viaje junta, mejor. La gente tiende cada vez más a salir de España y si no lo hace, parece que no son unas vacaciones en condiciones. ¿Dónde quedan los meses en el pueblo, el tan esperado encuentro con los amiguitos que solo se ven en verano? Conocer mundo está muy bien, pero lo de ir al pueblo también tenía su encanto.

Otra cosa que ha cambiado mucho es cómo pasan los niños su tiempo libre. Los de mi generación, allá por los años ochenta y noventa, estaban deseando salir a la calle a jugar. Sobre todo en vacaciones pasaban muchísimo más tiempo fuera que en casa, donde únicamente iban a comer, cenar y dormir. Ahora es distinto. Hoy día todos, o casi todos, tienen consola y ordenador y la oferta televisiva es mucho más amplia, por lo que muchos prefieren pasar horas en casa antes que salir a la calle. Así, pasan más tiempo solos y tienen menos amigos, con lo que se convierten en personas menos sociables, con menos amistades verdaderas. Habrá de todo, pero creo que a un niño que dedica más horas a ver la tele o jugar a la consola que a relacionarse con otros niños, le será más complicado desarrollar valores como el compañerismo o la generosidad. Así muchos de los niños de ahora son más egoístas e interesados que los de antes.


Recuerdo dibujos, series y películas que yo veía cuando era niña: Heidi, Barrio Sésamo, Campeones, Los Fruitis, E.T., David el Gnomo, Verano Azul... ¡Qué recuerdos! Bonitos recuerdos. Lo que dan hoy día en la televisión no tiene nada que ver. Por lo general, todo es mucho más violento y menos adecuado para que vean los niños. Me vienen a la memoria por ejemplo las Monster High, Bob Esponja, Futurama o Padre de Familia. Sin intención de desmerecerlos, estos dibujos no llegan a los de hace años ni a la suela del zapato. Habrá quien los prefiera pero, para mi gusto, son mucho peores que los de antes y no enseñan nada útil. La mayoría no transmiten valores, al menos ninguno bueno, ya que se tiende más a buscar la espectacularidad que a mostrar algo positivo a los niños.
 
También en los juegos hemos cambiado mucho. Yo jugaba mucho a la pelota, la goma y la cuerda con mis amigas. En los últimos años no recuerdo haber visto nunca a un grupo de niñas saltando a la goma. Antes no necesitábamos gran cosa para divertirnos, bastaba con coger un balón o la bici, por ejemplo, y salir a la calle a jugar toda la tarde. Hoy parece que los niños necesitan más, no tienen suficiente con las cosas sencillas con las que nos entreteníamos los de mi generación. Lo que prefieren hoy día es el móvil o la tablet, y pasarse horas muertas mirando Internet o escribiéndose mensajes a través del Whatsapp. No se dan cuenta de que eso no les aporta absolutamente nada. Cada etapa hay que vivirla conforme a lo que es mejor para los niños y que un menor de ocho años se pase los días colgado de un teléfono no es lo más apropiado para su desarrollo.


Es una realidad que casi todo gira en torno a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, los videojuegos son cada vez más sofisticados y complejos. La calidad de los juegos de mi época era, por qué no decirlo, cutre, si la comparamos con los de ahora. Pero ¿quién no ha pasado horas enganchado jugando al comecocos o al tetris? Daba igual si la imagen era buena o mala, lo único que importaba es que nos divertíamos mucho. Lo mismo que con los de ahora, solo que hoy día se da mucha más importancia a que la imagen sea lo más perfecta posible. En cuanto a las muñecas, cuando yo era pequeña, las niñas jugábamos con la Barbie o la Nancy, ahora juegan con las Monster High y, lo que es peor, se quieren parecer a ellas. Antes leíamos mucho libros de El Barco de vapor, tebeos de Zipi y Zape o Mortadelo y Filemón y ahora lo que se lleva son las sagas de vampiros. En fín, son tantas y tantas cosas las que ya no son como eran antes... Echando la vista atrás solo puedo decir: ¡cómo hemos cambiado!

jueves, 20 de junio de 2013

Ser feliz con lo que se tiene

¿Aguien puede decir que no tiene ningún complejo? ¿O problema, o preocupación? Yo creo que nadie o, por no generalizar, voy a decir casi nadie. Estoy convencida de que prácticamente todo el mundo tiene en la cabeza algo que le inquieta, ya sea de mayor o menor importancia, o algún aspecto del cuerpo con el que no está del todo conforme. Cantidad de chicas que aparentemente tienen un físico estupendo se quejan de esto o aquello. Complejos tenemos todos. Dudo que haya alguien que esté cien por cien satisfecho con su cuerpo, su cara, con su físico en general. Que si tengo mucho culo, soy bajito, me estoy quedando calvo, tengo las orejas de soplillo. Y así multitud de defectillos que a quien más quien menos le quitan el sueño en algún momento de su vida.

Algunos de estos complejos se pueden cambiar fácilmente yendo al gimnasio o haciendo dieta, para lo cual hay que sudar y pasar hambre, cosa a la que no todo el mundo está dispuesto. Pero otros forman parte de nuestra fisonomía y, a no ser que decidamos optar por la cirugía para corregirlos, debemos aprender a convivir con ellos. Hay que pensar que ser más o menos guapo o tener el cuerpo perfecto no es lo realmente importante en la vida. Cada uno tiene lo que tiene y si no lo aceptamos no podremos ser felices nunca. Sé que es un tópico, pero es infinitamente mejor ser guapo por dentro que por fuera. Las dos cosas sería lo ideal, pero eso ya no es tan fácil. Tener un interior bonito depende de cada uno y eso es lo que merece la pena cuidar.

Mucha gente tiene verdadedos motivos para no sentirse a gusto con su físico y aún así consiguen ser felices. Me refiero a personas a las que les falta un brazo o una pierna, tienen algún tipo de deformación o se han quemado el rostro, por ejemplo. Esta mañana he visto a una chica con la mitad de la cara llena de cicatrices de quemaduras y me ha hecho pensar en lo superficiales que somos las personas, en lo mucho que nos importa el físico y el poco valor que damos muchas veces a lo realmente trascendente. Deberíamos tomar ejemplo de estas personas y no dar tanta importancia a cosas como tener unos kilos de más o la nariz prominente. 
 
También tendemos a inventarnos los problemas cuando no los tenemos. Hay muchas cosas que nos preocupan día a día y que, mirándolas de forma objetiva, no serían un verdadero motivo de inquietud. Es como si necesitáramos ese puntito de intranquilidad en nuestra vida. Que si mira lo que me ha hecho fulano, qué voy a hacer sí... Tendemos a anticiparnos, a pensar en qué va a pasar antes de que suceda y esa es fuente de muchas angustias que podríamos evitar si procuráramos vivir más en el presente y menos en el futuro. No es tarea fácil, pero si queremos ser felices de verdad, tenemos que pensar en el hoy y tratar de conformarnos con lo que tenemos. Es lo que hay. Como alguien dijo una vez: "ser feliz no es tener lo que se quiere, si no querer lo que se tiene".

domingo, 16 de junio de 2013

Demasiadas comodidades entre rejas

Hoy he leído en la prensa que Miguel Carcaño, asesino confeso de Marta del Castillo, condenado por ello a 21 años de prisión, lleva una vida cómoda en la cárcel, similar a la que cualquier persona no muy activa puede llevar viviendo en su propia casa. Aunque lo que me ha llamado la atención no es eso, ya que por todos es sabido que el día a día de los presos no es todo lo restrictiva que debiera y que poseen más comodidades de las que su condición merece -a mi parecer-. Lo que me ha sorprendido, a la vez que indignado, es que este sujeto recibe a menudo cartas de jovencitas admiradoras que le mandan ánimos para superar el mal momento que está pasando, incluso le envían dinero para hacerle la estancia en prisión más llevadera. 

No sé qué puede llevar a estas niñas a actuar de una forma tan estúpida. Tratar de ser amigas -o lo que surja, que seguramente más de una pretenda algo más- de un chico que ha confesado haber matado a una joven me parece de ser una persona idiota y sin cabeza. Supongo que los padres no lo saben porque si no, quiero creer que pondrían cartas en el asunto. Lo malo es si Carcaño se hace "amigo" de alguna de estas jóvenes y cuando salga en libertad -que supongo no será dentro de 21 años, sino mucho antes-, repite lo que le llevó a prisión hace algo más de un año. Entonces los padres, incrédulos, se llevarán las manos a la cabeza, sin haber podido hacer nada para impedirlo. Soy incapaz de imaginar qué puede llevar a esas chicas a hacer lo que están haciendo, ya que no tiene ni pies ni cabeza. O les va el morbo o es que no se quieren nada de nada.
 
En cuanto al día a día de Carcaño -y de la mayoría de los presos- dentro de la cárcel, no entiendo que pueda ser similar al de cualquier persona libre. Comparto que los reos están en prisión para rehabilitarse y volver a la sociedad como personas reformadas, pero no hay que olvidar que también están recibiendo un castigo, cosa que en algunos casos se limita a la privación de libertad. No dudo que estar cautivo debe ser muy duro, pero si se les da todo tipo de comodidades ¿dónde está el castigo? Pueden realizar cursos e incluso estudiar carreras universitarias, cosa que no veo mal, ya que esto puede ayudarles en la convivencia y en la futura reinsercción social. Pero que se les permita ir al gimnasio, a la piscina, ver la televisión a placer en la propia celda o jugar a la videoconsola, entre otras actividades lúdicas, no me parece apropiado, en muchos casos, más que entre rejas, parecen estar de vacaciones. Lo peor es que todo eso se financia con dinero público.

Otra cosa de las prisiones que me parece muy injusta es que a los reclusos se les pague por trabajar dentro de la cárcel, y algunas veces hasta fuera de ella. Veo muy bien el hecho de que trabajen, creo que puede ser muy positivo que tengan una ocupación, ya que aprenden disciplina y se fomenta el compañerismo entre ellos, pero pienso que no debería de retribuírseles por ello. El dinero que se emplea en remunerar el trabajo de los presos estaría mejor invertido en crear puestos de trabajo para las millones de personas que están en el paro y no encuentran empleo. En general, me parece que en las cárceles el nivel de vida es excesivo, me reitero en que a prisión se va, además de a rehabilitarse, a cumplir una condena y en mi opinión, la vida de un reo no debería parecerse nunca a la de alguien que está en libertad.

lunes, 10 de junio de 2013

Llegan las temidas vacaciones

Se acerca el verano y con él, algo temido por la mayoría de padres y madres: las vacaciones estivales de los niños. Casi tres meses que para muchos pueden resultar eternos. No porque no quieran estar con sus hijos, sino porque en muchos casos no pueden. El principal problema es la falta de tiempo. Quien tiene la suerte de trabajar como mucho se puede permitir un mes de vacaciones y si trabajan el padre y la madre, pueden arreglarse para cubrir dos meses entre los dos, con el inconveniente de tener que renunciar a pasar las vacaciones en familia, pero ¿qué hacer con el mes restante? Muchos tiran sobre todo de abuelos o en su defecto de tíos, primos o cualquier otro familiar o amigo que pueda hacerles el favor. Porque no están las cosas como para contratar a alguien que cuide de los niños todo el verano. Y hoy día ¿quién no tiene alguna persona de confianza en el paro que pueda echar una mano con los niños?

Los que más arriman el hombro suelen ser los abuelos. Es normal que se recurra a ellos para salir del paso, ya que muchas veces no se tiene más remedio, pero ¿es justo para ellos? Yo creo que no. Los abuelos, que han dedicado toda su vida a criar a sus hijos, se ven ahora obligados a hacer lo mismo con sus nietos. Siempre están ahí, cuando los niños se ponen enfermos, para llevarles y traerles del cole, acompañarles a las actividades extraescolares, etcétera. Y en periodos vacacionales renuncian a hacer sus vidas para estar con los niños prácticamente todo el día. Seguro que algunos están encantados de hacerlo, pero otros muchos se sienten atrapados porque viven únicamente por y para sus nietos, desde que se levantan hasta que se acuestan. Existen alternativas como los campamentos, las ludotecas, o las escuelas de verano, pero el inconveniente es que todas esas cosas cuestan dinero y muchos padres no se lo pueden permitir, al igual que no pueden pagar a alguien que se quede con los niños. Así que no les queda otra que llamar a los abuelos. Benditos abuelos.

Teniendo en cuenta las vacaciones que cualquier trabajador tiene -un mes-, parece excesivo el tiempo de descanso que dan los colegios. Tres meses quizás sea demasiado, tanto tiempo sin clase solo provoca quebraderos de cabeza y agobios por tener que depender de otras personas para cuidar a los hijos. En algunos países europeos como Alemania o Francia, los niños tienen seis semanas de vacaciones en verano, ocho a lo sumo, con lo que se hace más fácil para los padres organizarse para disfrutar esos días con ellos. Otra cosa que también nos diferencia de estos países es el horario de salida del trabajo. Algo muy similar a lo que en España conocemos como jornada intensiva de verano -trabajar siete u ocho horas seguidas y salir antes por la tarde-, en muchos países es algo que mantienen todo el año, por lo que les es mucho más sencillo conciliar vida laboral y familiar. A quien no tiene la suerte de disfrutar de la jornada intensiva, ni siquiera en verano, le toca arreglárselas con los niños como buenamente pueda. No queda otra.

jueves, 6 de junio de 2013

NO a las dietas, SÍ a los hábitos saludables

Llega el buen tiempo, empieza a sobrar la ropa y muchos son los que comienzan la "operación bikini" con el fin de verse mejor físicamente cuando llegue el momento de ponerse el bañador. La mayoría de personas se ha planteado hacer dieta en algún momento de su vida, sobre todo cuando se acerca el verano, para bajar los kilos que se han cogido durante el invierno. Y es que a nadie -o casi nadie- le gusta ver cómo asoma el michelín que tan prácticamente ocultaba el jersey de invierno. Cuando se empieza una dieta todo parece muy fácil y se tienen muchas ganas, pero según van pasando las semanas es común aburrirse y dejarla sin llegar al objetivo deseado. Por eso, lo mejor sería no ponerse a régimen cada primavera, sino llevar una alimentación equilibrada durante todo el año para evitar llevarse sustos al ponerse la ropa de verano y no tener que sufrir para adelgazar año tras año.

En estas fechas suelen entrar las prisas por quitarse los kilos de más y mucha gente se apunta a realizar dietas milagro o se pasan el día en el gimnasio para adelgazar lo más rápido posible. Ninguna de las dos opciones es recomendable. Los regímenes que prometen perder mucho peso en poco tiempo pueden conllevar un riesgo para la salud, al no aportar al cuerpo todo lo que necesita. Además, al ser muy restrictivos, no pueden mantenerse durante mucho tiempo y al volver a comer normal, se produce el famoso efecto "yo-yo", es decir, se recuperar los kilos que se habían perdido. En cuanto al ejercicio, es fundamental acompañar la dieta de algún deporte que, además de ser muy saludable, sin duda ayuda a adelgazar. Pero no se debe abusar, ya que practicar demasiado deporte puede ser perjudicial, se podrían sufrir lesiones e incluso puede llegar a alterar la conducta y dañar el corazón. 

Muchas de las personas que desean adelgazar están acostumbradas a comer más grasas y dulces de las que debieran y por lo general, realizan poco ejercicio. Más que realizar una dieta estricta, es importante que esas personas se mentalicen y se den cuenta de que ese tipo de alimentos no pueden predominar en la alimentación diaria. No hay que tener prisa en perder peso, no sirve de nada estar unos meses sufriendo por no poder comer lo que se quiere, si después se vuelve a lo de antes y se recupera el peso perdido. De ese modo, se está toda la vida engordando y adelgazando y da la sensación de estar siempre a dieta y realizando un esfuerzo que no vale la pena. Lo aconsejable es aprender unos hábitos de vida saludables, comer de todo, incluso darse pequeños caprichos, pero sin abusar de nada, y hacer que el ejercicio forme parte del día a día. Cuidarnos hoy hará que nuestro cuerpo y nuestra salud nos lo agradezca en el futuro.